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II: Expresionismo Sensual (1905-1915)

n su rechazo radical de la figura humana elevada e idealista del siglo XIX, los expresionistas pintna lo feo, lo vulgar y los tabúes al igual que la belleza original de lo natural Sofi y sus tabúes, tomo I. En negrita y subrayado Qué quieren de mí? Bien podría escribir el tratado del ¿qué quieren de mí? Por otro lado, volviendo a la línea del tiempo, me llevó dos semanas volver a ver a Sofía. Era uno de esos pobres –patéticos sería el término adecuado- encuentros de las tres artes que se daban en capital. Yo exponía esas manchas sin forma que el Tincho tanto me criticaba, ella estaba con un grupo que hacía circo y vaya uno a saber qué más. Ahora que lo pienso no me di cuenta que era ella hasta que la vi actuar en un monólogo sobre una chica que se vendaba los ojos en el colectivo y... y me sentí como un tarado. Y el Tincho que se cagaba de risa. lo natural ilustrando así, mediante los contrastes, su participación psíquica e impulsiva en el horizonte negativo de las experiencias de la vida y el orden de valores equivocado de los prejuicios reinantes. Bueno, llegué a los Fauves de París acá un paráte. No me puedo acordar qué le dije después. No creo que le haya hablado, más bien volví a escribirle. De cómo había sacado yo sus datos, principalmente su nombre. Toda una historia.

-Vi a la gente de teatro hoy – decía Soledad mientras se llevaba a la boca una tostada increíblemente quemada -, zafan, che. Igual la gente de música se fue al carajo con lo de música norteña y qué sé yo. Está muy bueno lo que plantean.

-¿Qué hace la gente de música? –El Tincho jugaba sus piezas concientemente, enroque y al ataque.

-Tienen todo un escenario, y hay un par de cuadros nuestros atrás ¿Ustedes exponen?

-No, la gente de segundo arrugó áhi noma’. Viste como son. Ibamo’ a ir con Manuel, así de caradura, pero no daba. Además no tenemos un mango y para andar haciendo giladas a medio pelo no daba. – Los caballos y algunos peones arriba, la estrategia Tincho, la estrategia.

-Si, así no da. Aunque se pueden hacer cosas grosas sin mucha plata, ¿eh?

-Si pero lo que no nos da es el tiempo. Viste que somo’ medio colgado’ nosotro’. El Manu va, de cojudito que e’ nomá’. Che, ¿y vos no exponés?

-Si, unos cuadros y después le hice parte de la escenografía a una chica de teatro, una silla y unas vendas... pavadas.

-¿Si? ¿Qué hace la piba de teatro? –Y la torre defiende al alfil, que defiende al caballo, que comienza a encerrar al rey.

-Un cuelgue, un monólogo que cuenta que no puede parar de enamorase, entonces está en el colectivo y se venda los ojos para no ver al que tiene al lado, y le cuenta que no puede parar de enamorarse.

-Ah... está bueno ¿Cómo se llama la minita? – La torre hace jaque, el alfil que encierra y el caballo que defiende.

-Sofía, es una amiga mía.

-¿La vi alguna vez? –Avanza la reina, la todopoderosa reina a terminar con el rey.

-Vive acá a dos cuadras, la casa de rejas todas pintadas esa que siempre me decís que te gusta mucho... -Jaque mate Tincho, jaque mate.

Sofía se reduce a un bulto acurrucado en el nogal de la plaza. Efectivamente James había matado al doctor Mansfield y Esthela, boba enamorada, había hecho todo lo posible para ocultárselo a la policía, pero el detective de turno lideraba la investigación con una-maestría- nunca-antes-vista, y Esthela, entre llanto y sollozo, había confesado. Todo un tanto conveniente, irreal, plástico y novelesco. Tanto como su vida. Anotaciones para mi cuaderno –piensa Sofía mientras se ríe para sus adentros- : Sofi, averiguá de qué están hechas las máscaras. Si son de plástico largáte a llorar.


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