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Otra vez, justo cuando usted empieza a sentir la incertidumbre al final de las frases hechas y mejor la próxima me fijo en el pronóstico, justo ahí es que la inquietud retrocede entre toda la comunidad. Llueve un poco menos, sigue copiosa la cosa pero al menos ya se ve nítida la vereda de enfrente, asoman la cabeza para que las antenas tanteen cómo viene la mano en el resto de la ciudad, todavía no es seguro salir, vos andás con mucho apuro pero tengo ganas de tomar algo y yo también pero es que estoy justísima con el horario viste al final qué tiempo loco, no. Las antenas y las miradas recuperan aquel vigor febril de hace unas horas, se van desentendiendo amablemente los unos de los otros mientras revisan el estado del Sagrado Selular, los papeles, las pilchas, los pelos y otros indispensables que no empiezan con P.

Usted se indigna -ya no le hace ninguna gracia como para decir que es sorpresa- al ver que la lluvia ha cesado otra vez de repente, sin garúas intermedias ni leves lloviznas ni brisas de calma ni nada. Bueno, cálmese carajo. Paró, che, y siempre que llovió, menos mal y algún otro murmullo de despedida antes de hundirse en el sopor autómata que reina una vez más en la calle, si sólo se trata de unos mililitros de agua más y unos grados celsius menos, será cuestión de ir a buscar una campera a casa en cuanto tenga un ratito.

Los hombres reanudan la marcha, no hay tiempo que perder (nunca); una llamada, no, mejor un mensaje de texto, me agarró la lluvia (préstele atención a esta frase), estoy llegando, gritan los condenados por la redes de telecomunicaciones, liberados al fin de la tiranía del clima. Los que tardan más en retomar el ritmo avanzan mirando al cielo, pensando con culpa indescriptible que se despeje cuanto antes. Entonces ya no hay nada digno de ver, no cabe esperar nada más de ese día a menos que ocurra otro minidiluvio, pero el del noticiero niega y su meneo de cabeza es ley. Lógicamente, usted masculla a esta altura que la lluvia vuelve más buena a la gente, que fue bueno mientras duró o alguna otra oración ante las cuales sobreviene esa paradójica paz interior ¿Será que las frases hechas fueron diseñadas para sofocar las inquietudes del espíritu? Bueno, no es algo que le convenga responder de momento, al menos no hasta tantear si la cuestión tiene cierto mérito como para ser analizada. Pero para eso justamente es que hay que analizarla. Bueno, es algo a lo que justamente ahora no podrá dedicarse. No se preocupe, verá que en minutos usted empieza a comprender y sabe que hay algo detrás de todo lo que pasó durante el aguacero, algo digno de su análisis, su reflexión, algo que merecía escapar al olvido que todo destruye, y acaso conseguirá una respuesta genuina si es que antes no cierra su cuaderno y se levanta de la silla con la tranquilidad habitual de saber que hay una cosa que llevar o una persona a la que ver o un trámite que hacer cuanto antes, ya veremos lo otro mañana si hay tiempo


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