![]() |
||
![]() |
||
![]() |
|
Página 1 | 2 La exaltación me domina. Con la habilidad de quien nunca ha gozado del don de la visión, me pongo de pie en dos simples movimientos y con paso lento pero firme me dirijo hacia la puerta. Vacilante, coloco mi mano sobre la perilla. Aguardo por un instante en silencio... y abro la puerta de par en par. Todos mis sentidos quedan embargados por la cercanía de su presencia. La imaginación pretende traicionarme nuevamente, mostrándomela como un fiero demonio... pero el sentido común hace las veces de ojos, delineando su hermoso rostro, mostrándomela en todo su esplendor. Luchando contra el embotamiento que domina mi cuerpo, sin decir palabra, me vuelvo. Escucho la puerta cerrarse detrás de mí... y luego un silencio absoluto. Ni siquiera el sonido de mis propios pasos alcanza mis oídos, ahogado por la mullida alfombra. Comienzo a caminar nuevamente hacia el escritorio con la misma seguridad que segundos atrás me alejaba del mismo. No necesito de ojos para saber qué es lo que se encuentra a mi alrededor... las décadas pasadas entre aquellas paredes cubiertas de libros me han enseñado a desenvolverme con soltura entre ellas... El terror nubla mi juicio. ¿Es verdad? ¿Se encuentra realmente detrás de mí? Siento cómo los tratados agnósticos me observan con desaprobación desde sus puestos privilegiados en los estantes. Pareciera como si la habitación se hubiese vuelto de repente mucho más grande y vacía... y fría. Mientras mis pies se deslizan sobre la moqueta, el pánico aumenta con la cercanía de su destino. Mi mente se enzarza en su más fiera batalla hasta el momento, intentando obtener el control... ¡AHHHG! ¡El dolor! El dolor penetra en mi cabeza como una mecha caliente a través del hielo. Me detengo y llevo mi mano a la sien, arqueando el cuerpo. Por unos segundos, tengo la sensación de que algo se encuentra a punto de estallar dentro de mi cabeza. Después de un momento, recurriendo a todas mis fuerzas, retomo el corto trayecto que me separa de mi salvación... de aquella mano gentil que quitará el velo de mis ojos... Al llegar nuevamente junto al escritorio, me desplomo pesadamente en el acolchado sillón. La imagino tomando asiento frente a mi, con delicados movimientos. Mientras el sentido común mantiene su heroica reyerta aún de pie, me balanceo nuevamente hacia adelante y obligo a mis dedos a retomar su fatídico vals. De aquí para allá, en musical armonía, las teclas se encogen ante el peso abrumado e implacable del final que se aproxima, palabra a palabra, línea a línea... El terror me controla por completo. La desesperación hace su aparición también, sumándose a la comparsa de sensaciones. Pero lo peor es el efecto de la proximidad de su presencia. La imaginación me la muestra expectante, sentada frente a mí... amenazante... esperando el momento. La cordura lanza un último embate, con todas sus energías... ¡No! No más farsas, no más espejismos... Me aferro a la vida, reuniendo toda mi voluntad. A una vida que, desde este punto de vista, se me antoja perfecta. ¿Quién necesita de la visión, pudiendo recurrir a una fructífera imaginación? Una y otra vez intento controlar los impulsos de mi cuerpo... sin éxito. Y entonces, compruebo con horror cómo mis dedos se detienen... Mientras el dedo medio recorre la última línea y el tacto envía señales de entendimiento a mi cerebro, comprendo que el final ha llegado... A pesar de mi lucha interior, logro esbozar una sonrisa... mi trabajo está terminado. Ahora, tan sólo un paso me separa de la realidad. Tan sólo un paso, para poder ver realmente por primera vez. Palpando, abro el primer cajón del escritorio. Deslizo mi mano dentro, y tanteo hasta que mis dedos rozan el frío metal... el frío metal que se convertirá en mi elixir... mi panacea. Obligo a mis dedos a aferrarse a la empuñadura, muy a su pesar. Recurriendo a toda mi fuerza de voluntad, alzo lentamente la mano, hasta la altura de la sien. Por unos segundos, tengo la sensación de que el sentido común se encuentra a punto de sucumbir ante las quimeras de la imaginación... pero, finalmente, el ansia por la verdad prevalece. Mientras coloco el dedo índice sobre el gatillo, pausadamente, presiono las últimas teclas con mi mano libre... F... I... N...
|
|
|
Página 1 | 2
|
|
![]() |
||||||||
|
||||||||
![]() |
||||||||