o no estaba muy atenta. Las frases y las pistas dadas parecían coincidir, pero yo, otra vez, no estaba muy segura. Seguí caminando. Escuchando música se camina más tranquila; puedo llegar a decir que con música levito, pero eso ya sería otro tema.

La carta me había dejado perpleja, no entendía muy bien que quería decir, ni sabía por qué escribía eso. El remitente era correcto, pero el tiempo no era el mismo, prácticamente imposible.

Decidí sentarme y comenzar a recordar...

- Jardín de infantes: Emmmmm... Rodrigo, Anita, Flavia... y aquélla que dibujaba bien, a la cual yo le rompía los marcadores por envidia... No, era imposible.

- Primaria: Brunito, Joaquín, Manuel... ¿Alguno sabrá escribir???

- Secundaria: Neh, imposible... en esa etapa era un ente.

Estaba en el sitio indicado, a la hora pactada. ¿Por qué pactada? No sé. Cuando leí la hora en la carta, ya lo convertí en un pacto. Me gusta tener un estilo hollywoodense.

- ¿Quién soy?

- ¿Quién sos?

- Soy yo, quién más.

- ¿¿¿Sos vos???

- ¿Cuál otro?

- Imposible, sacáme la mano de los ojos... ¿Dónde estas?, ¡¡Ey!! NO TE VAYAS...

Cuando desperté decidí bañarme, tomarme el café matinal, y la ví, una carta dirigida a mí, con el remitente de mi padre.

Y a la pastilla azul la escupí. No me gusta que me aten, ni que apaguen la luz del cuarto, se translucen las rejas en la pared


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